noviembre 2012

AVENTURAS Y DESVENTURAS DEL VIAJA A NUEVA YORK

La vida es una aventura que hay que vivirla intensamente, como intensamente viví mi viaje a Nueva York en un fin de semana.

Había muchos indicios que frenaban mi “locura de viaje”, comenzamos con el Cuso de Entrenadores de Ciclismo en Aigle, que no me permitía ausentarme una semana entera, seguimos con los cambios de billete de avión y las compañías que siempre se salen con la suya y te sangran, luego se me vino encima el problema del hotel, cuentas con las personas, pero las personas no cuentan contigo. Sin olvidarnos del huracán Sandy que estaba en plena acción.

Hubo un momento que dije, basta, me planto, ya iré otro año, no puedo luchar más contra tantos obstáculos. Pero, Fran, que sabía lo que representaba para mí correr en Nueva York, me sacó un billete directo desde Madrid a Nueva York el viernes por la tarde para regresar el domingo por la noche.

Ya no podía “rajarme”, tenía que ir. En el fondo tenía miedo de enfrentarme a tantas cosas desconocidas, entre ellas mi lucha contra los 42,195 kms que nunca había hecho y que no estaba segura de poder aguantar el ritmo que me había planteado (a 5 minutos/ kilómetro) , equivalente a 3 horas 30 minutos.

Al fin y al cabo decidí ir a Nueva York en Junio y hasta que no terminó la Vuelta a España el 9 de Septiembre, no he podido entrenar un poco en serio. El verano fue muy agitado y cuando terminé la Vuelta estaba muy cansada y quería descansar un poco.

Ya en Vigo, a finales de septiembre, descansando y entrenando y haciendo todas las competiciones que había por allí y por Salamanca, cogí moral y confianza. A eso le añades, los entrenamientos específicos de trabajo funcional y preventivo que Fran me ayudaba a realizar.

Acabamos de aterrizar el viernes día 2 Noviembre  a las 21 horas en Nueva York y las caras de la gente que viajaba conmigo en el avión no era de ilusión y de alegría, muchos conocían ya la noticia: “han cancelado el maratón”. Dios, pensé para mí, rompí a llorar, allí en el aeropuerto, estaba sola y al hotel que iba, tampoco iba a tener a nadie con quien compartir esa tristeza.

Cuando vi las imágenes de cómo había quedado Staten Island al paso del huracán Sandy, pensé que no tenía derecho a estar triste, ni a llorar. Al fin y al cabo yo no había perdido mi casa, yo sólo estaba “perdiendo” un fin de semana de mi vida, y que con el paso del tiempo me doy cuenta que he ganado, aún más, en autoconfianza y autoestima. La vida es superación y ese fin de semana para mí fue algo más que superación, fue reencontrarme a mí misma, indagar dentro de lo más profundo y descubrir nuevas sensaciones de una persona adulta, madura, reflexiva.

Bueno, volviendo al Maratón que es a lo que íbamos. El sábado por la mañana me levante y comencé a leer en las redes sociales que había mucha gente como yo, tantos españoles que habían ido a Nueva York a correr, y que iban a correr aunque fuera extraoficialmente. Me encuentro a Rafa Vega, y leo sobre su proyecto solidario y por qué corre el maratón y me quedo impregnada y me pongo en contacto con él para apoyarle y para poder correr los 42,195 kms con él y con su gente.

Así lo hacemos, quedamos el domingo a las 9.30 de la mañana en el Central Park para dar 4 vueltas a éste y terminar nuestro objetivo, que no es otro que hacer una maratón.

Ese día apenas puedo dormir, entre el cambio de hora y la emoción de correr los 42,195 kms no oficiales, me producen entusiasmo, ansiedad……en el fondo pensaba que estaba formando parte de la historia, la primera maratón que cancelan y que corro. Era paradójico y me gustaba la idea.

Central Park estaba lleno de gente, era una fiesta, griegos, italianos, franceses,…..todos estábamos locos de contentos de estar allí, todos queríamos correr, era igual que el momento previo a una carrera, no hay línea de salida, pero la adrenalina estaba igual que si la hubiera.

Me junté con Rafa Vega, con Merchán y con otros andaluces que viajaban juntos, y también con otro salmantino, Samuel Ferrero, que también estaba sólo para correr el maratón, pero a él le acompañaban sus amigos, que le habían llevado agua y alimento para el momento.

Salimos un montón de ellos y decidimos hacer 4 vueltas a Central Park por el exterior y terminar los 42,195 kms dentro del Parque. Durante los 24 primeros kilómetros, más o menos 2 horas de carrera, íbamos hablando y contándonos unos a otros nuestras aventuras, nuestras penas y alegrías. Poco a poco vimos como todo el mundo estaba corriendo por el interior de Central Park, había miles y miles de personas. Samuel y yo, los dos salamantinos, íbamos ensimismados hablando y no nos dimos cuenta de que nos habíamos quedado solos, todo el mundo se había metido dentro del parque. Nosotros decidimos hacer las 4 vueltas fuera y completarlos en el interior, tal y como decidimos en la salida.

Había un comentario común y generalizado en todos aquellos que íbamos a hacer Nueva York como el primer maratón. “tengo ganas de enfrentarme al muro” ¿cómo será el muro? ¿lo pasaré mal?  Era curioso, esa sensación que a todo el mundo le aterra, a nosotros nos producía gracia. Imaginaros la gracia que nos hacía a Samuel y a mí,  íbamos por el kilómetro 38 y me dice ¿cómo estas Dori? Y le he dicho, yo creo que no nos queda nada ¿no?. Efectivamente, él me ha dicho vamos a bajar de las 3 h 30´ ¿qué tal te encuentras?  Yo le he dicho, no para tirar cohetes, pero si hay que bajar el tiempo, aprieta que ya no nos queda nada. Samuel ha metido una marcha más y hemos hecho  los últimos 5 kilómetros a ritmo de 4 minutos/ kilómetro.

Cuando hemos llegado a los 42,195 kilómetros nos hemos parado, ya dentro del Central Park, con un montón de gente a nuestro lado, con agua, con plátanos, con alimento. Era increíble, hemos parado el cronómetro y nos hemos dado un abrazo como si nos conociéramos de toda la vida. ¡Increible! Sólo en el deporte puedes conseguir esas sensaciones

Hemos parado el cronómetro en 3h 21´  y estábamos enteros, bueno Samuel más que yo. Habíamos conseguido completar la distancia del maratón, hablando y riendo, pasando un buen rato. Parece increíble, verdad, pues, como lo cuento, en este primer intento de maratón el muro no quiso llamar a mi puerta.

No sé cómo explicar las sensaciones de ese instante. Nunca me imaginé así el final de una maratón, pero tengo que deciros que fue mejor de lo que había soñado. Había completado la distancia y me daba igual que no hubiera un reloj arriba que me marcase el tiempo. Yo no iba a Nueva York a competir contra nadie, iba a competir contra mí misma, contra mis miedos, contra mis emociones, contra mis sensaciones…………… y había logrado vencerlas a todas,  yo sólita. Sabía que había ganada la batalla.

Cuando mucha gente me pregunta por qué corro, por qué me esfuerzo tanto en el deporte, no sé qué contestarles, solamente puedo decir una cosa y es que las sensaciones y las emociones dejan un poso en tu cuerpo que crean adición.

Debe ser como estar enganchada a una droga, a la bebida o al tabaco……

Este momento, esta historia está dedicada a todos aquellos que me queréis  a todos aquellos que a través de las redes sociales me mandasteis un mensaje de ánimo, de apoyo y que me  aportaron el granito de arena para salir invicta.

También quiero dedicárselo a Samuel, que sin apenas conocernos, compartimos ideas, entrenamientos, risas, en una maratón compartimos nuestras vidas.

Y como no, a Fran Albert, mi compañero mi amigo mi vida, que sin su ayuda y sin su apoyo mental y emocional, yo no estaría donde estoy, ni sería lo que soy.

Gracias por creer en mí, por ayudarme a crecer y por motivarme en los momentos difíciles.

    

 

Samuel y Dori en Central Park al final MNY     Camiseta oficial maraton NY para Fran Albert